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La sencillez de una persona


Jesús dijo un día: ¿porqué me llamas bueno? Bueno sólo el Padre en el cielo. Y era el Hijo de Dios como él mismo reconoció. Y sin embargo, era humilde.

Y era sabio porque enseñaba a otros. Y sin embargo, no permitía que le llamaran maestro.
Y era misericordioso, porque curaba a las personas y les daba de comer. Y sin embargo, no permitía que le agradecieran a él directamente, sino que lo hicieran a los pobres, necesitados, llorantes, sufrientes.
Y era el Evangelio mismo. Y sin embargo, hablaba a las personas con parábolas, con palabras que ellos pudieran entender, sin presumir de su conocimiento de las Escritura.
Oraba pidiendo al Padre. Nunca osó decir que él curaba o enseñaba por sí mismo, sino que era ENVIADO por el Padre.

En la actualidad anteponemos al nombre que recibimos en nuestro Bautismo, el "señor o señora", el "licenciado, ingeniero, arquitecto", etc. 
Tal vez no lo hagamos tácitamente, pero lo hacemos en nuetro interior. Como se diría hoy día, "nos la creemos", nos vendemos a nosotros mismos la idea de que somos superiores a los otros, cuando en realidad somos iguales en nuestra dignidad de hijos de Dios. La diferencia tal vez sea el envoltorio
Unos somos blancos, otros negros, otros apiñonaditos. Unos somos mujeres, otros son hombres. Unos somos chaparritos, otros son altos.

En muchas ocasiones, nos contentamos con hacer las cosas para que los demás nos vean, hacemos cosas buenas sin realmente querer hacerlas.
¿No es cierto que muchas veces no deseamos ir a la escuela y sin embargo vamos?
¿Cuántas veces deseamos quedarnos en cama y sin embargo nos levantamos para trabajar?
Eso podría decirse que es bueno, pero no lo es. Y no lo es porque aquél que no hace las cosas por amor, no las hace bien. No pone en ello todo su potencial, todo su interés. Decía mi mamá que éramos "calientabancas" cuando hacíamos éso.

En la primera lectura de hoy, Oseas nos dice que Dios no quiere sacrificios, sino misericordia. No quiere holocaustos, sino conocimiento de Dios.
Claro que no por éso vamos a quedarnos en cama cuando no nos "nazca" levantarnos, claro que tampoco vamos a comer aquello que nos apetezca, tan sólo porque es mi gusto. Dios quiere que aprendamos a saborear todo lo bueno que El ha creado, quiere que conozcamos su Creación no que la destruyamos.

Es como cuando mi mamá me llevaba al mercado. Invariablemente, nos deteníamos a comer algo: yo no osaba decir "no me gusta" porque sabía que mi mamá no me iba a dar a comer nada malo. Yo comía con toda confianza lo que ella cocinaba o lo que compraba en la calle. Llegué a comer ubre de vaca, tripas de pato, charales, carpas, alfalfa, etc. alimentos  a los que muchos ponen cara de fuchi.

Por amor me los daba mi mamá y por amor los comía yo. Eso es misericordia que nace del corazón. Llegamos a comer unas sencillas quesadillas en un puesto muy humilde sin fijarnos si la persona estaba muy arreglada... por amor. Porque si una persona se atreve a vender quesadillas es porque lo necesita. Eso es la miseriordia que mi mamá me enseñó.

Cuando invitas a tu casa a alguien, no esperas que ése alguien la destruya, ¿verdad? Yo acostumbraba llevar a mi casa amigas a desayunar y nunca rompieron nada, ni agarraron nada que yo no les diera. Eso es respeto a los demás, respeto al hogar de las personas. Recuerdo que mi casa no estaba aseada cuando mis amigas iban, normalmente cuando no habíamos tenido alguna clase, porque mi mamá se iba a trabajar, porque nosotros nos íbamos a la escuela y la casa se quedaba sucia hasta que alguno de nosotros llegara a hacer el quehacer.
Y mis amigas no me criticaban por tener la casa sucia a ésas horas. Eso es respeto y amor.
Mi mamá no se molestaba de que mis amigas fueran cuando ella no estaba, porque sabía que respetaba mi casa como ella me enseñó.

Mi mamá era una persona muy misericordiosa. Recuerdo haber visto desfilar por mi casa a muchas personas: una niña con parálsis cerebral que necesitaba su mamá un préstamo para llevarla al doctor; un niño que estaba enfermito de sus pies al que mi mamá recibió junto con su mamá y le pagaba los pasajes para ir al doctor; alguna anciana que se sentía poco amada y se sentía sóla;  a una persona que por su alcoholismo terminó viviendo en la calle, etc. A mi hermana y a mí nos recibió de nueve meses y dos años respetivamente, siendo nuestra abuela.

Mi mamá me ponía para el trabajo mucha fruta picada, porque sabía que la compartiría con alguna de mis compañeras que no llevara almuerzo.
Alguna vez, llevé a casa a alguna compañera a comer, porque no llevaba comida al trabajo. Y mi mamá le servía lo mismo que a mí.

Yo no fuí nunca como ella, aunque intento muchas veces serlo. La amaba tanto que no me gustaba que ofendieran su casa, ni su persona. Y éso me hizo alguna vez, correr a algunos del "paraíso" al que mi mamá nos había llevado. Un paraíso humilde, pero que nos fué brindado con mucho amor. Y no todos lo valoraban así.

Y sin embargo, llegué a ofenderla con mis actos, haciendo lo que a ella no le gustaba. Y recibí el justo castigo a mis faltas. Ella no era consentidora, a pesar de amarnos mucho.

Pues si ella siendo pecadora, habiendo cometido errores era tan buena.. yo me pregunto cómo será de bueno Dios al que ella oraba y pedía con tanta fé.

Salmo 50,3-4.18-19.20-21ab
R/. Quiero misericordia, y no sacrificios

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R/.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R/.

Reflexiones de las Buenas Nuevas
Miércoles de la Séptima Semana del Tiempo Ordinario
Febrero 26, 2014


Esta reflexión fue realizada por Laura Aguilar para Puntadas católicas© 2014 

Las Bendiciones
"Bendigan, porque ustedes mismos están llamados a heredar una bendición" (1 Pe 3,9).



Bendíganse en todo momento...
Al despedirse, al acostarse, al saludarse...
Vale la pena recuperar la bendición en la familia.
Juntos, como familia, celebrar los dones que Dios nos da cada día. Bendecir los alimentos, bendecir la casa, bendecir el trabajo, es rogar juntos para que, todo lo bueno que Él nos da, nos fortalezca y nos haga vivir como hijos e hijas suyos.
"Dijo el Señor a Abram: Yo haré de ti una nación grande y te bendeciré. A Saray, tu mujer, yo la bendeciré y de ella suscitaré naciones" (Cfr. Gén 12,1-2; 17,15-16)



Lecturas del Día:
Santiago 4, 13-17
Salmo 49, 2-3.6-11
Marcos 9, 38-40
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