Un baño de santidad




Lavaos, purificaos!! Nos dice Dios en la primera lectura de hoy, cuando habló a Sodooa y Gomorra.
Casi todos hemos escuchado ésos nombres y seguramente decimos: Ah!! se los dijo a ésos que eran idólatras, que eran lujuriosos, que vivían en los placeres más escandalosos... pero yo no soy como ésos*

Jesús nos dice en el Evangelio que en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos, los que buscan ser vistos, admirados; los que buscan ser reconocidos y buscan los primeros lugares, los que no mueven un dedo pero dejan que los otros lo hagan.
Y entonces seguramente decimos: *Ah, no. Ese es mi compadre... yo no soy así* Yo doy mi limosna, voy a misa, levanto mi sillita, coopero cuando dicen.
Y nos quedamos tan contentos porque somos buenos cristianos.

Sin embargo, Jesús nos habla a nosotros, a los que somos como "sepulcros blanqueados", que hemos sido redimidos con su sangre por medio del Bautismo, que hemos recibido la Gracia santificante y que nos conformamos con sólo éso como si lo mereciéramos.
Le habla a aquél que dice una mentirita como al que dice una mentirota. Le habla a aquél que roba un centavo como al que roba cien millones.
Le habla a todo aquél que culpa a todos, pero no ve su propa responsabilidad.

Lavaos, purificaos!! No importa cuán rojos sean sus pecados, quedarán como nieve. ¿Cómo podemos hacer éso? Por medio del Sacramento de la Reconciliación.

Es cierto que con el Bautismo hemos sido santificados, hemos recibido la Gracia, pero cuando cometemos actos que no son acordes con tal Gracia, necesitamos bañarnos.

 Diariamente cuidamos de asear nuestro cuerpo para que no huela mal, para que no nos sintamos sucios o cansados. Pues de igual manera necesita nuestra alma limpiarse de toda aquella suciedad con que la cubrimos cuando faltamos a la santidad con que Dios nos dotó.

Dios es tan misericordioso y tan sabio que conociendo nuestra naturaleza y tendencia al mal, cuida de nuestra alma por medio del Sacramento de la Confesión. Nos da una bañada gratis y quedamos rechinando de limpio.
La frecuencia con que debemos bañarnos es algo que queda implícito, ¿verdad? Es por éso que realizamos el exámen diario de conciencia, leemos el Evangelio, asistimos a misa si nos es posible, comulgamos, leemos meditaciones que nos hagan permanecer en compañia de Jesús.
Cada día está Jesús esperándonos para bañarnos.

 Pero no basta. Eso sería muy egoísta y egocéntrico: querer permanecer limpios para no sentirnos mal sólamente. J
esús nos dice en el Evangelio que no seamos como los fariseos y escribas, sino que no nos dejemos llamar "maestros" porque sólo uno lo es, ni "padres" porque sólo es nuestro padre el del cielo, ni "consejeros" porque sólo Cristo lo es.

Tal vez para algunos no sean comprensibles éstas palabras si pensamos en términos de nuestra vida común y corriente: los maestros de la escuela: los padres de familia o de la iglesia; los consejeros matrimoniales, escolares,etc.

 No. Cristo no se refiere a ellos, sino a la tendencia que tenemos de aconsejar sin saber, de enseñar cuando necesitamos ser enseñados, de tratar a otros como si fueran nuestros hijos cuando ni siquiera estamos preparados para ello.
Eso es algo muy común en todos nosotros.

Cristo nos dice que en todo momento, recurramos a El, a su consejo si no sabemos discernir cuando tengamos dificultades. 
Que recurramos al Espíritu santo para que nos guíe.

Tal vez parezca excesivo. Pero yo te aseguro que no lo es. Es hacer la vida más fácil, la carga más ligera porque es Dios mismo através de Cristo quien nos conduce.
Cuando yo tiré de la carreta de mi vida, me estrellé muchas veces hasta que terminó deshecha. Sólo Jesús pudo repararla y conducirla.

Dejémonos conducir por El. Su yugo es mucho más ligero que todo lo que yo conocí antes.

Sal 49,8-9.16bc-17.21.23
R/. Al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios

«No te reprocho tus sacrificios ,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños. .

¿Por qué recitas mis preceptos y
tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú;
El que me ofrece acción de gracias, ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.»

Reflexiones de las Buenas Nuevas

Martes de la Segunda Semana de Cuaresma
Marzo 18, 2014


Esta reflexión fue realizada por Laura Aguilar para Puntadas católicas © 2014 

Diseño de Reflexiones para el alma

Viviendo la Cuaresma


Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal.

Ante todo, la vida de Oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38).

Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno.

Lecturas de hoy:
Isaías 1, 10.16-20
Salmo 50, 8-9.16-17.21.23
Mateo 23, 1-12


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